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TRAS CASI 20 AÑOS CERRADA, LA ANTIGUA FÁBRICA BAO EN LA TEJA SE TRANSFORMARÁ EN UN COMPLEJO DE VIVIENDAS PARA 150 FAMILIA
Después de casi 20 años cerrada, la antigua fábrica Bao, un edificio emblemático de La Teja que durante décadas formó parte de la vida cotidiana del barrio y fue fuente de trabajo para cientos de familias, comenzará una nueva etapa: será reciclada para transformarse en un complejo de viviendas cooperativas.
El proyecto ocupará prácticamente toda la manzana y combinará la recuperación de una parte de la estructura original de la fábrica con la construcción de nuevos edificios. En total, permitirá que 150 familias vuelvan a darle vida al lugar. Las viviendas serán construidas para tres cooperativas del Programa de Vivienda Sindical (PVS), todas bajo la modalidad de ayuda mutua.
Así lo explicó el arquitecto Pablo Antonaz, del Centro de Asistencia Técnica del Programa de Vivienda Sindical (CET-PVS), quien acompaña y asesora a las cooperativas durante el proceso de obra.
“Se va a reciclar una vieja fábrica y transformarla en un edificio de viviendas”, explicó Antonaz. En una de las cooperativas se aprovechará una estructura existente, mientras que en las otras dos se construirán edificios prácticamente desde cero, debido a que ya no quedan estructuras de la fábrica disponibles para reciclar.
En total, el complejo estará compuesto por 150 viviendas de dos, tres y cuatro dormitorios, donde vivirán entre 450 y 500 personas, explicó el arquitecto.
Para Antonaz, la transformación tiene un significado especial para el barrio, ya que se trata de un lugar estrechamente ligado a la historia de La Teja y a la vida de sus vecinos. “La vieja fábrica Bao, que todos conocemos en Uruguay y donde se producía principalmente jabón, es importantísima para el barrio y para los vecinos. Era un predio que estaba cerrado desde hace muchos años y que ahora va a retomar vida a través de una cooperativa de vivienda”, destacó.
Las tres cooperativas funcionarán bajo el sistema de ayuda mutua, por el cual las propias familias participan en la construcción de sus viviendas. Antonaz explicó que los cooperativistas aportan horas de trabajo equivalentes al 15% del costo de la vivienda, mientras que el 85% restante corresponde a un préstamo financiado por el Ministerio de Vivienda. “Trabajan en la obra misma, y ese 15% del préstamo se traduce en horas de trabajo. Es un ahorro importante al momento de devolver el costo de la vivienda”, señaló.
El trabajo de los cooperativistas incluye distintas tareas dentro de la obra. “Trabajan como si fueran peones de obra de construcción: limpieza, preparación de materiales, limpieza de herramientas, acopio. Es la ayuda que se hace a los oficiales”, explicó Antonaz.
El proyecto se encuentra ahora en una etapa inicial, luego de la reserva del terreno. El arquitecto detalló que el proceso continúa con la presentación del anteproyecto y posteriormente del proyecto arquitectónico y cooperativo, para luego avanzar hacia el sorteo y la designación del préstamo por parte del MVOT. Esta etapa demandará cerca de tres años, mientras que las obras, otros dos.
En cuanto a la fábrica Bao, su historia está estrechamente ligada a la identidad industrial de La Teja. Durante décadas, en sus instalaciones se fabricaron jabones y productos de limpieza, y llegó a ser una importante fuente de trabajo para los vecinos de la zona, alcanzando casi las 1.000 personas en sus años de mayor actividad. Entre sus productos se encontraban los conocidos jabones Bao.
Para Antonaz, que el predio vuelva a tener actividad representa justamente una oportunidad para recuperar parte de ese vínculo con La Teja. “Para el barrio es importantísimo que este predio, que estaba cerrado desde hace muchos años, retome vida, en este caso, a través de una cooperativa de vivienda”, indicó.
La historia de la Bao también es parte de la historia de las familias que ahora integran las cooperativas. Algunas de ellas incluso tienen un vínculo directo con la antigua fábrica, como el caso de Beatriz López, cuyo padre trabajó allí durante 18 años, y ahora será una de las futuras habitantes del complejo.
“Cuando vi la convocatoria para construir cooperativas en la fábrica, dije: ‘Tengo que estar ahí’”, contó. Aunque Beatriz y su familia son oriundos del Cerro, cuenta que ha pasado por la zona infinidad de veces, sobre todo cuando era más chica e iba a buscar a su madre que también trabajaba en la fábrica.
Aunque buena parte de la antigua estructura desapareció con el paso de los años, todavía reconoce algunos sectores. Su padre, Aníbal, también estuvo presente esta semana en la fábrica cuando colocaron el cartel que muestra cómo quedarán los edificios y recorrió el lugar. Actualmente tiene 83 años y recuerda como si fuera ayer el tiempo que trabajó allí.
“Ingresé a la fábrica a los 14 años y trabajé durante 18 años. Durante seis años estuve en la parte de fabricación de jabón y luego 12 años como foguista”, recuerda.
Para él, regresar a la fábrica tantos años después y saber que su hija vivirá allí tiene un significado especial. “Estar acá me mueve un montón de cosas”, expresó.
Su último ingreso a la fábrica había sido en 1984, durante una asamblea en la que se reclamaba el retorno de trabajadores despedidos durante la dictadura. Ahora, cuatro décadas después, vuelve al lugar por una razón completamente diferente: acompañar a su hija en el proyecto que transformará la antigua fábrica en viviendas.
El proyecto ocupará prácticamente toda la manzana y combinará la recuperación de una parte de la estructura original de la fábrica con la construcción de nuevos edificios. En total, permitirá que 150 familias vuelvan a darle vida al lugar. Las viviendas serán construidas para tres cooperativas del Programa de Vivienda Sindical (PVS), todas bajo la modalidad de ayuda mutua.
Así lo explicó el arquitecto Pablo Antonaz, del Centro de Asistencia Técnica del Programa de Vivienda Sindical (CET-PVS), quien acompaña y asesora a las cooperativas durante el proceso de obra.
“Se va a reciclar una vieja fábrica y transformarla en un edificio de viviendas”, explicó Antonaz. En una de las cooperativas se aprovechará una estructura existente, mientras que en las otras dos se construirán edificios prácticamente desde cero, debido a que ya no quedan estructuras de la fábrica disponibles para reciclar.
En total, el complejo estará compuesto por 150 viviendas de dos, tres y cuatro dormitorios, donde vivirán entre 450 y 500 personas, explicó el arquitecto.
Para Antonaz, la transformación tiene un significado especial para el barrio, ya que se trata de un lugar estrechamente ligado a la historia de La Teja y a la vida de sus vecinos. “La vieja fábrica Bao, que todos conocemos en Uruguay y donde se producía principalmente jabón, es importantísima para el barrio y para los vecinos. Era un predio que estaba cerrado desde hace muchos años y que ahora va a retomar vida a través de una cooperativa de vivienda”, destacó.
Las tres cooperativas funcionarán bajo el sistema de ayuda mutua, por el cual las propias familias participan en la construcción de sus viviendas. Antonaz explicó que los cooperativistas aportan horas de trabajo equivalentes al 15% del costo de la vivienda, mientras que el 85% restante corresponde a un préstamo financiado por el Ministerio de Vivienda. “Trabajan en la obra misma, y ese 15% del préstamo se traduce en horas de trabajo. Es un ahorro importante al momento de devolver el costo de la vivienda”, señaló.
El trabajo de los cooperativistas incluye distintas tareas dentro de la obra. “Trabajan como si fueran peones de obra de construcción: limpieza, preparación de materiales, limpieza de herramientas, acopio. Es la ayuda que se hace a los oficiales”, explicó Antonaz.
El proyecto se encuentra ahora en una etapa inicial, luego de la reserva del terreno. El arquitecto detalló que el proceso continúa con la presentación del anteproyecto y posteriormente del proyecto arquitectónico y cooperativo, para luego avanzar hacia el sorteo y la designación del préstamo por parte del MVOT. Esta etapa demandará cerca de tres años, mientras que las obras, otros dos.
En cuanto a la fábrica Bao, su historia está estrechamente ligada a la identidad industrial de La Teja. Durante décadas, en sus instalaciones se fabricaron jabones y productos de limpieza, y llegó a ser una importante fuente de trabajo para los vecinos de la zona, alcanzando casi las 1.000 personas en sus años de mayor actividad. Entre sus productos se encontraban los conocidos jabones Bao.
Para Antonaz, que el predio vuelva a tener actividad representa justamente una oportunidad para recuperar parte de ese vínculo con La Teja. “Para el barrio es importantísimo que este predio, que estaba cerrado desde hace muchos años, retome vida, en este caso, a través de una cooperativa de vivienda”, indicó.
La historia de la Bao también es parte de la historia de las familias que ahora integran las cooperativas. Algunas de ellas incluso tienen un vínculo directo con la antigua fábrica, como el caso de Beatriz López, cuyo padre trabajó allí durante 18 años, y ahora será una de las futuras habitantes del complejo.
“Cuando vi la convocatoria para construir cooperativas en la fábrica, dije: ‘Tengo que estar ahí’”, contó. Aunque Beatriz y su familia son oriundos del Cerro, cuenta que ha pasado por la zona infinidad de veces, sobre todo cuando era más chica e iba a buscar a su madre que también trabajaba en la fábrica.
Aunque buena parte de la antigua estructura desapareció con el paso de los años, todavía reconoce algunos sectores. Su padre, Aníbal, también estuvo presente esta semana en la fábrica cuando colocaron el cartel que muestra cómo quedarán los edificios y recorrió el lugar. Actualmente tiene 83 años y recuerda como si fuera ayer el tiempo que trabajó allí.
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